Un centenar de desaparecidos al día

Un centenar de desaparecidos al día

Jóvenes fugados, enfermos, ancianos perdidos… engrosan las miles de denuncias

Hay dos voluminosas carpetas de pasta negra sobre una estantería metálica tan atiborrada de archivadores que no dejan ver el color de la balda. Las carpetas tienen un título en mayúsculas sobre fondo blanco: DESAPARECIDOS. Al abrirlas, decenas de rostros de hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, miran desde el pasado. La página uno cuenta un caso de 1981 que fue denunciado en 1983 en Barcelona. Un varón de 40 años vinculado a un grupo radical. Jamás se ha vuelto a saber nada. Es el primero de la lista de las 84 desapariciones de alto riesgo de adultos, que investiga el Grupo de Desaparecidos de la Policía Nacional, los casos anclados en la falta de respuestas. El último es de hace dos semanas.

Crímenes abiertos

Noventa y seis personas han desaparecido en España cada día en lo que va de año, de ellas treinta y siete son menores. Es la media del total de denuncias presentadas ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad entre enero y agosto. Pero que nadie se alarme: la mayoría aparece —también de forma masiva— en las primeras horas o días.

Hay menores que se escapan de centros; adolescentes y mayores que discuten con sus padres o sus parejas; enfermos de Alzheimer, discapacitados, muchos ancianos incapaces de volver si se extravían; extranjeros que cambian de país sin aviso; empresarios arruinados, hombres y mujeres que echan una cana al aire; personas hartas de su vida o de su familia que deciden evaporarse, reincidentes… El resto pasa a engrosar un fichero que guarda en sus tripas, camuflado entre la frialdad de los números, historias de dolor, pérdidas y renuncias; historias de huidas voluntarias o historias de crímenes sin resolver o sin autor, interrogantes que quitan el sueño y la vida a miles de familiares. Cada vez que un nuevo caso adquiere notoriedad toca revivir la pérdida y las dudas.

Mentiras del entorno

De las 14.395 denuncias por desaparición de adultos presentadas en los ocho meses de 2016, continúan activas 1.253, lo que significa que el resto de personas han aparecido de una forma u otra. En cuanto a las 8.902 denuncias de menores, siguen en la categoría de activas 843, según los datos que constan en el Sistema de información de personas desaparecidas y cadáveres o restos humanos sin identificar. Se trata de un gran almacén informativo, dependiente de la Secretaría de Estado de Interior que desde 2009 se nutre de los datos aportados por cinco cuerpos: Policía Nacional, Guardia Civil, Mossos d’Esquadra, Ertaintza y Policía Foral de Navarra.

«En la denuncia inicial por desaparición casi nunca se cuenta la verdad para evitar que salgan a la luz cuestiones familiares desagradables o de la esfera más íntima. El 99 por ciento te dice que a quien tenemos que buscar carecía de problemas, que jamás se había ido antes, que no encuentran motivo… Luego pasan las horas y empiezan las preguntas incómodas». Son palabras de Pedro Herranz, jefe del Grupo de Desaparecidos de la Policía Nacional, quien se mueve por las bases de datos y los ficheros con ojo de águila y olfato de perro de caza, ayudado en parte por su extensa trayectoria en Policía Judicial.

«La investigación de un desaparecido es como la de un homicidio con la dificultad añadida de que no hay cadáver ni escenario, solo el entorno», explica. A sus espaldas hay un mapa de España, horadado de chinchetas de colores y notas adhesivas colocadas estratégicamente. Hay 84 pinchazos: son los 84 desaparecidos adultos de alto riesgo que investiga Policía Nacional. La sorpresa en forma de tiempo. El primer caso es de 1981, como se ha dicho. El último del pasado 15 de agosto: un hombre de 43 años de Alcira (Valencia). No se sabe si es una huida voluntaria o alguien está detrás. «Con la mayoría hemos agotado vías de investigación y no han dado resultado», aclara el inspector.

Niveles de riesgo

La clasificación de los casos es riesgo limitado (si por ejemplo el desaparecido lo ha hecho otras veces) y alto riesgo. Entre medias está el alto riesgo no confirmado, a la espera de que se valide por los investigadores. Pero los casos históricos se arrastran, a veces porque las víctimas no retiran las denuncias cuando el ausente vuelve o es encontrado. En la base de la Policía constan 2.190 desaparecidos desde 1988. No se sabe nada de ellos. En la de Guardia Civil 1.209. En esta base 1.563 familiares han aportado su ADN para poder cotejarlo con restos que se hallen. Suicidas que dejaron cartas de despedida y nunca más se supo; padres, madres, hijos que un día salieron y no volvieron; sospechas de homicidios y asesinatos con autor conocido pero sin cuerpo; indigentes, marineros…

Hay además 1.500 cadáveres o restos sin identificar, esperando que alguien les ponga nombre. «Ojalá podamos hacerlo. Hay muchas familias y mucho sufrimiento detrás», admite Herranz. Es 1 de septiembre. Estamos en el despacho del grupo en la UDEV, en Madrid. La base de datos escupe los datos fríos del último día de agosto. «Ayer fue un día bueno: solo 36 denuncias», dice el policía. Lo normal está en torno al medio centenar pero depende de las épocas. En un vistazo rápido, observamos que cinco de esas denuncias ya han sido retiradas porque han aparecido. Se suceden los menores: fugados de centros o de casas. «Mira este código significa que este chico es la décima vez que se escapa».

Ellos cuentan con una base aparte: el sistema de alerta temprana por desaparición de menores, creado en 2014 para prevenir casos como algunos que rondan la memoria colectiva. Y otros sin eco, como el de Caroline del Valle, perdida en Sabadell desde marzo de 2015. Su madre no halla consuelo: «¿Por qué a mi hija nadie la busca?». Los Mossos creen que la mataron.

«Eso que se decía antes de esperar 24 horas, ni hablar. Hay que presentar denuncia de inmediato. Y si aparece la persona se retira y no pasa nada», dice Herranz con convicción. «El resto jamás se dejan de investigar».

FUENTE: abc.es

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