Extradigital
Hay regresos que tienen un valor añadido más allá de lo televisivo. La vuelta de Paco Lobatón a RTVE, incorporándose al magacín Directo al grano, es uno de ellos. Para varias generaciones, su nombre evoca un tiempo en el que la televisión pública cumplía con mayúsculas su papel de servicio público. Que la cadena lo recupere ahora, con una sección centrada en la búsqueda de personas desaparecidas, es un acierto que merece ser celebrado.
El legado de Quién sabe dónde
La memoria colectiva sitúa a Lobatón como el rostro de Quién sabe dónde, un formato que entre 1992 y 1998 marcó un antes y un después en la televisión española. Su rigor, su capacidad de empatía y la implicación de la audiencia lograron resolver el 70% de los casos tratados en antena. Aquel programa no solo hizo historia por sus cifras, sino por demostrar que la televisión podía ser útil, cercana y profundamente humana.
Su cancelación, sin embargo, sigue siendo un enigma. El propio Lobatón ha explicado recientemente que, pese al éxito de audiencia y al respaldo social, la desaparición del programa llegó en circunstancias poco claras. “Hasta la Reina Sofía me preguntó en una ocasión por qué había desaparecido”, recordaba en una entrevista en la Cadena SER. Señalaba que los contenidos más incómodos, como los casos de bebés robados, las desapariciones durante la Guerra Civil o la violencia vicaria, pudieron influir en aquella decisión en un tiempo en que aún no existía el debate sobre memoria histórica. Incluso llegó a presentar su dimisión temporal al no aceptar la exposición de un menor en directo, un gesto que refleja las tensiones éticas con las que convivía el programa.

