Paco Lobatón: «Mi éxito ha sido ser útil a la gente»

Paco Lobatón: «Mi éxito ha sido ser útil a la gente»

En los 90 fue dueño y señor del «prime time». Tuvo a España en vilo buscando a personas desaparecidas. Hoy, 20 años después, sigue remando en la causa

ABCcordoba | Aristóteles Moreno

Su rostro y su voz serena son ya historia de la televisión. En los noventa pulverizó todos los registros de audiencia destapando el drama de las personas desaparecidas en España. Y ahí sigue, más de 20 años después, prestando tenazmente todo aquel inmenso capital mediático para ayudar a las familias.

Detrás de aquel destello fugaz, pervive una sólida carrera periodística y un hombre comprometido con una forma de entender su oficio como servicio público. Estrechamente vinculado a Córdoba, la Fundación de Personas Desaparecidas y su productora de televisión tienen sede aquí. Con ustedes, Paco Lobatón.

 

¿«Quién sabe dónde» le ha robado su biografía?

Todo lo contrario. Me la ha condecorado con una misión. Lo digo con un sentido sincero del deber y no con grandilocuencia. Es un encargo que te da la sociedad.

Antes de acariciar la gloria televisiva, Paco Lobatón (Jerez, 1951) tocó el infierno de la dictadura. Miembro de una familia de diez hermanos, estudió Ciencias Políticas en Madrid en aquellos años en que no era muy recomendable meter la nariz en según qué sitios. Y así fue.

En medio de una revuelta estudiantil contra el régimen a principios de los setenta, fue encañonado por nada menos que Billy el Niño cuando se disponía a participar en una asamblea de profesores como delegado de su facultad. La broma le costó una «somanta de palos», un mes y medio de cárcel y cinco años de condena. Lobatón prefirió exiliarse en Suiza. Regresó con la amnistía y emprendió una fructífera carrera periodística, que alcanzó su cénit con la presentación del Telediario de TVE, la comunicación de Expo 92 y, sobre todo, QSD.

Estudiante de Políticas, maltratado por Billy el Niño, exiliado en Suiza y presentador de uno de los programas más laureados de la televisión. ¿Qué hilo une a todo este periplo?

Tiene que ver con el hecho de que hacerme periodista consistía en ser útil a la gente. Sin grandilocuencia.

Y cree que ha sido útil.

Rotundamente sí. Se puede avalar esa percepción con datos. Los casos de QSD fueron más de 1.500 y el 70% se resolvieron. Habíamos creado un método de trabajo formidable con un equipo muy potente, innovador y multidisciplinar.

«Los casos de QSD fueron más de 1.500 y el 70% se resolvieron. Habíamos creado un método de trabajo formidable»

Entre 1992 y 1998 fue usted el emperador de la televisión. ¿El éxito está en la cuota de pantalla?

Los índices de audiencia te colocan en un liderazgo que es sinónimo de éxito socialmente hablando y en términos de la industria televisiva. Ahora bien: uno se equivoca si cree que hay una relación directa entre el éxito personal y esa referencia numérica. He visto a colegas caer en ese espejismo y confundir su estatura personal con esas mediciones. La medida del éxito, es decir, lograr aquello que te has propuesto, es una medición íntima, que tiene que ver más con criterios morales que mercadotécnicos.

¿Y cuál ha sido su éxito?

Ser útil a la gente. Percibir que, ante el sufrimiento tan corrosivo como es la incertidumbre de una desaparición, haya familias que te expresen su agradecimiento. Ese es un salario que no puede equiparar ninguna cifra en euros.

Dice Wikipedia que Aznar vetó QSD por investigar a los bebés robados. ¿Verdadero o falso?

¿Lo dice Wikipedia? No lo había visto. Hay una versión de por qué se interrumpe el programa, que seguía siendo de éxito, que coincide con los bebés robados e historias de lo que después se llamó memoria histórica.

Una encuesta de 1995 lo situaba a usted como el «mejor presidente del Gobierno posible». ¿Dónde está la llave de la credibilidad?

Lejos de pavonearme, aquello me produjo un cierto estremecimiento. Entonces la credibilidad estaba relacionada con que lo que estábamos haciendo no solo conseguía entretener sino que resolvía dramas humanos muy dolorosos. La realidad se puede cambiar si nos ponemos a trabajar y cooperamos. Credibilidad tiene la misma raíz de crédito. Es un préstamo que la gente te hace y tú tienes que devolver a la sociedad.

«Billy el Niño me encañonó y me dieron una somanta de palos. Me condenaron a 5 años y me refugié en Suiza»

¿Qué le ha regalado el periodismo?

Tener una misión en la sociedad. Saberme parte viva y activa.

Decía Kapuscinski que para ser buen periodista hay que ser buena persona. ¿Cómo andamos de eso en el gremio?

Decía también que este no era un oficio para cínicos. Y que hay dos causas en que los periodistas debíamos dejar de ser asépticos: los desaparecidos y los refugiados. Es así. Hay que tener un talante de bondad. En general, tengo la percepción de que somos una sociedad donde prevalecen las buenas personas y el sentido de la solidaridad.

¿La objetividad existe?

Existe el ejercicio de la objetividad. No es una ciencia ni una realidad tangible. Yo lo llamaría el honrado ejercicio de buscar la veracidad. Y la veracidad no es la verdad. Es un ejercicio laborioso de verificación, contraste y datos.

¿La independencia es un espejismo?

Es un mandato. El periodismo sin independencia pasa a ser otra actividad distinta, que puede llegar a ser mercenaria. Lamentablemente, en algunos de los colegas de las tertulias televisivas veo que hay un ejercicio de «mercenariado», no sé si con retribución o no, pero muy lamentable. Solo el principio de independencia da sentido al periodismo como ejercicio de vigilancia de los poderes y sus posibles abusos.

En 2015 impulsó la Fundación Europea de Personas Desaparecidas. ¿Por inercia o por compromiso?

Por compromiso. Sin dudar. Cuando el programa desaparece en el 98, no paro de ir a TVE para que se reinstaure ese espacio, conmigo o sin mí, pero no lo consigo. Y cuando pasa tanto tiempo y sigo observando que la realidad de los familiares sigue siendo muy precaria es cuando decido este compromiso.

En España hay 8.000 desaparecidos.

No se puede hablar de una cifra estática. Desde 2017 se ha conseguido un informe anual y desde 2018, un Centro Nacional de Desaparecidos. La media anual de denuncias está entre 20.000 y 30.000, de las cuales en el último informe 5.529 siguen en pie.

«Solo la independencia da sentido al periodismo como ejercicio de vigilancia del poder»

¿Hacemos todo por encontrarlos?

No. Se ha avanzado muchísimo, pero se está lejos. Hay que hacer muchas más cosas, sobre todo, en términos de atención a las familias. Cuando una persona desaparece, no desaparecen sus derechos como ciudadano. El primero es el derecho a ser buscado. Y el segundo, el de su familia a ser informada.

En Córdoba seguimos sin rastro de Paco Molina y Ángeles Zurera. ¿Qué le dice su intuición?

Es peligroso jugar a golpe de intuición. Lo que es evidente es que no hay ninguna base para pensar que ha sido un movimiento voluntario. En el caso de Paco Molina, hablamos de un chico de 16 años, que tenía una personalidad en plena formación. Y que puede haber sido objeto de una manipulación.

¿Hay dolor más insoportable que la incertidumbre?

No hay dolor más corrosivo que la incertidumbre de una desaparición. No deja espacio para el duelo, ni sosiego posible. Yo la llamo la «muerte tacaña» porque no deja lugar al consuelo.

¿Próxima parada?

Salvo la definitiva, que no está en nuestra decisión personal, mi actitud vital es no parar y seguir avanzando en esta causa hasta que el cuerpo aguante.

Traducir »