La madre y la abuela de la joven desaparecida en Calvià en 2013 organizan mañana un acto en Santa Ponça a pocos días de cumplirse 12 años de su ausencia
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Natalia Rodríguez muestra, emocionada, un reciente tatuaje que se ha hecho en el antebrazo izquierdo. Es la cara de su hija Malén, desaparecida desde 2013, sonriendo, tapándose la boca. «Me lo hice aquí para poder mirarla cada día a los ojos», apunta conteniendo las lágrimas. Mañana, ella y su madre, organizan un acto en Santa Ponça para recordar a la adolescente, cuyo rastro se perdió el 2 de diciembre de 2013.
¿Cómo está, a pocos días de cumplirse 12 años sin saber nada de su hija?
—Pues mire, le voy a contestar con una frase que le escuché a una mamá palestina que no encontraba a sus hijos: estoy que me quema el corazón. De impotencia, de rabia, de angustia, de tristeza. Y así estoy desde hace casi 12 años. El tiempo pesa mucho.
¿Cuántas veces ha pensado qué le pudo ocurrir a Malén?
—Cada día mil veces. No paro de pensar quién es el culpable o los culpables de la desaparición de mi hija, porque evidentemente a Malén no se la tragó la tierra. Y lo que más me chirría es que esas personas a día de hoy siguen sueltas y pueden seguir haciendo daño.

