El tiempo que más pesa

El tiempo que más pesa

 

Septiembre marca el inicio de un nuevo curso en casi todos los ámbitos de la vida social y política. En cambio, para las familias de los desaparecidos el calendario tiene el pulso corrosivo de la incertidumbre . El tiempo no pasa, pesa. Un poco más cada día. Vivir así es sobrevivir a esa carga que el tiempo va incrementando. Solo la evocación del desaparecido y la reclamación en su nombre del derecho a ser buscado dan sentido al siguiente día y desalojan un poco la pesada carga. Así también, milímetro a milímetro, como en un talla sobre roca, la espera busca convertirse en esperanza.

Así lo vemos familia a familia, como la de Caroline del Valle que desapareció con 14 años y ha cumplido 18 años lejos de los suyos. Como Paco Molina que tenía 16 al desaparecer y va a cumplir 20 sin que sus padres Isidro y Rosa hayan tenido ni una sola noticia suya. De Barcelona a Córdoba, dos historias paralelas para los que no se activaron las alertas inmediatas que reclamaba su condición de menores. Como en Hornachos, Badajoz, donde el pueblo entero volvió a responder masivamente al llamamiento de Jose Antonio, Javier y Diego, los hijos de Francisca Cadenas, desaparecida dieciséis meses atrás a escasos metros de su casa. Y en Calviá, Mallorca, la persistencia de Natalia y Margarita, madre y abuela de Malen que también cumplirá 20 años, cuatro más que los que tenía cuando se perdió su pista. En Valencia, Andrés y Amalia descuentan los días del sexto año esperando tan solo una llamada de Andrés Mora, su hijo, allí donde esté. Haber visto retornar a Patricia Aguilar, liberada de una trama sectaria a miles de kilómetros de casa, les ha abierto una rendija de esperanza. La espera de Ana Herrero, en Vitoria, ha encontrado una vez más el alivio de los amigos de Borja Lázaro que han compuesto un videoclip en su memoria, también presente tras cuatro largos años desaparecido a través de la Exposición con sus fotos.

David Guerrero, Dibujos de una época, es el nombre de la Exposición con el que los hermanos de este niño desaparecido en Málaga hace 31 años han querido reivindicarlo como artista. Su madre Antonia Guevara ha visto así cumplido un sueño y los malagueños están descubriendo con asombro y admiración el talento prodigioso que les fue robado con la desaparición de David.

En Aguilar de la Frontera, Córdoba, los vecinos de Angelines Zurera abarrotaron la biblioteca municipal para compartir con la familia su testimonio en Te buscaré mientras viva, el libro que da voz a buscadores como Antonio, hermano de Angelines. La solidaridad esa tarde no fue una palabra sino el aire mismo que respiramos todos los allí reunidos, el aire que ayuda a liberar el peso del tiempo y a dar aliento a la esperanza.

 

Paco Lobatón

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