El drama de 164 desapariciones y crímenes sin resolver en la Comunitat

El drama de 164 desapariciones y crímenes sin resolver en la Comunitat

Casos como los de las dos mujeres estranguladas y arrojadas en acequias se suman ahora al misterio de la joven Wafa o a la ausencia de Marta Calvo

LAS PROVINCIAS | JUAN ANTONIO MARRAHÍ

Crímenes como el de la prostituta Florina Gogos, asesinada a finales de enero y hallada en una acequia de Silla, siguen sin culpable. También el de la última víctima de un homicidio en la Comunitat. Una vez más, y tristemente, otra mujer: Olga Pardo. Ambas fueron, primero, desaparecidas. Más tarde, víctimas de crímenes todavía impunes. Dos inocentes estranguladas y arrojadas a acequias de l’Horta pero sin aparentes nexos.

Es la realidad de los casos abiertos más recientes en la Comunitat. En otros las mujeres siguen en el limbo de una dolorosa ausencia: como la joven Wafa, de 19 años y vecina de Carcaixent, una desaparición preocupante desde el 18 de noviembre de 2019. O Marta Calvo, con un presunto criminal en serie como su verdugo, el hombre que dijo que la había descuartizado en ese mismo año. Pero de su cuerpo, de momento, ni rastro.

Ellas marcan la historia reciente. Pero la estela de dramas es mucho mayor. Según cifras del Ministerio del Interior y los casos antiguos contabilizados por este diario, la Comunitat acumula 136 asesinatos cometidos desde 1980 que no han sido resueltos. Muertes criminales aún impunes con expedientes que duermen en estanterías de oficinas policiales en espera de un avance, de un testigo, de una pista que a veces nunca llega.

Lo constata el portal estadístico de criminalidad del Gobierno. En la última década se han producido 391 homicidios en la región. La eficacia policial es elevada en la resolución, ya sea por parte de la Policía Nacional o de la Guardia Civil. En 353 de estas muertes hay sospechosos incriminados y puestos ante la justicia, lo que arroja un grado de esclarecimiento de asesinatos superior al 90%. Pero ese 10% restante se traduce en 38 homicidios. Son la espina clavada de decenas de investigadores, la cifra que inunda aún de rabia a muchas familias valencianas.

Muy cerca de Estivella, la tierra de Marta Calvo, vivió María Luisa Reig, vecina de Albalat dels Tarongers. Desapareció en junio de 2011, cuando tenía 59 años. Posteriormente hubo un incendio en el chalé donde residía. Entre los restos quemados apareció sólo un fragmento del omóplato y el cráneo. La Guardia Civil arrestó como sospechosos al hijo de la víctima y a un exnovio. Ambos negaron la relación con la muerte de María Luisa y, sin el hallazgo del resto de su cuerpo, no hubo más avances. Fueron puestos en libertad.

El juzgado encargado del caso acabó archivándolo. Nuevo mazazo para la familia de la víctima. «Nos dijeron que las pruebas eran circunstanciales y nos encontramos con un fiscal que, en vez de apoyarnos, propuso el archivo del caso», lamentó en su día Yolanda Menargues, hija de la asesinada. La familia reclamó a la Audiencia de Valencia pero el crimen acabó en carpetazo ante la falta de avances. «Nos sentimos indefensos y no nos parece digno ni justo que algo así quede sin culpables», valoró.

«A mi hijo lo mataron, hay indicios, no se lo pudo tragar la tierra»

Una de las desapariciones más desconcertantes de la historia reciente de la Comunitat es la de Henry Alejandro Jiménez, de 20 años, desaparecido desde el 1 de enero de 2019 tras recibir una paliza en Orihuela. Gina Marín, su madre, sigue lidiando con la angustia. «Hasta donde supimos estuvo esa noche de fiesta con unos conocidos y un hombre irlandés le dio una paliza». La última pista es un vídeo de un colega «en el que se ve a mi hijo magullado en una esquina», recuerda la mujer. Por lo que ha podido conocer del caso, esta es su conclusión: «A mi hijo lo mataron, hay indicios, no se lo pudo tragar la tierra. Por eso suplico a la justicia que investigue a fondo y encuentre a los culpables».

Estancados en los ochenta

Las estadísticas de Interior no van más allá de 2010. Pero este diario contabiliza casi un centenar de asesinatos sin resolver entre ese año y 1980. Entre los más antiguos está el de un menor apuñalado en la calle Alta, en pleno centro de Valencia. O el de un basurero acuchillado un año después en la ciudad. También la muerte a tiros de un camionero en el barrio de Isla Perdida.

Daniel Sala Paños es abogado penalista de Domingo Monforte Abogados Asociados. «El homicidio esta castigado con pena de 10 a 15 años, por lo que el plazo de prescripción es de 20 años», describe. ¿Podría reabrirse un caso si apareciera una nueva prueba o una tardía confesión del autor? «Si esta declarada judicialmente la prescripción del delito, no», zanja el letrado. Muertes eternamente impunes.

Las desapariciones son, como se ha demostrado, antesala de multitud de crímenes. Primero la ausencia, luego el cadáver. A veces, ni eso. Según el último informe del Centro Nacional de Desaparecidos, el año pasado terminó con 411 búsquedas activas de personas de la Comunitat en paradero desconocido.

Como aclara Interior, 148 de estas ausencias se han catalogado como voluntarias. Pero 23 son involuntarias: sin causa aparente, de personas con deterioro cognitivo o relacionadas con catástrofes como riadas o grandes nevadas. Cinco de las desapariciones fueron catalogadas como forzosas, aquellas relacionadas con sustracción de menores, indicios criminales o personas expulsadas de su hogar. Las 235 restantes, «aún no están clasificadas, por el punto de investigación en que se encuentran», detallan las fuentes gubernamentales. Una absoluta incógnita con cientos de familias en vilo.

Y aún hay otra asignatura pendiente en cuanto a la investigación de muertes o ausencias: la de los cadáveres sin identificar. Son casos como el cuerpo que apareció hace sólo una semana en Oliva sin brazos ni piernas, en avanzado estado de descomposición. Interior contabiliza el hallazgo de 139 cadáveres en la última década en la Comunitat. De ellos, 59, más de un 40%, están aún sin identificar. Son los muertos sin nombre.

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