Diez años sin respuestas. Miguel Fernández desapareció el 2 de septiembre de 2016 en Gallegos del Campo, un pueblo del municipio de Figueruela de Arriba. La rutina diaria del emigrante de 78 años, que regresaba todos los veranos a la casa familiar, consistía en un paseo matutino. «Con los medios de hoy creo que mi padre habría tenido opciones de aparecer» reflexiona su hija Lucía.
La Opinión
De nada sirvieron las sucesivas búsquedas dirigidas por la Guardia Civil con decenas de vecinos de la zona volcados en la localización del anciano; una década después no hay rastro que alumbre indicio alguno sobre lo que pudo pasar.
Tras la fría estadística que eleva a casi 6.900 las denuncias activas de personas desaparecidas en España pendientes de resolución, late el drama de familias que no encuentran respuesta. ¿Qué pudo pasar? Es la eterna pregunta de Lucía Fernández. «No me voy a complicar, quiero pensar que a mi padre le dio algo, se resguardó del calor que hacía y no hemos encontrado» resuelve sobre la drástica desaparición de su padre.

