Diana Quer: enseñanzas de una ausencia

 

Un año sin Diana Quer: sólo su familia más directa tiene la verdadera medida de este tiempo de ausencia. Y la hondura del dolor intransferible y sin medida. Un año es un umbral cargado de simbolismo, una tozuda confirmación de un hecho cierto del que, sin embargo, quienes los sufren en primera persona suelen esperar su reversión en cualquier momento.

Los psicólogos lo asocian el estadio inicial de negación que sigue a los impactos emocionales más fuertes, sobre todo a la confrontación con la muerte. En las desapariciones no existe ese choque frontal entre la vida y la muerte. Es una realidad de contornos borrosos la que se presenta, difuminando evidencias o negándolas hasta componer el desasosegante paisaje de la incertidumbre.

Un espacio envolvente en el que caminar se hace tan penoso como en esas pesadillas donde los pies no responden al mandato de la mente. Una situación ante la que sólo cabe la resistencia, la lucha contra corriente, la búsqueda de cualquier pequeña certeza en un mar de incertidumbres. Por eso, como repetía incansable Flor Bellver, presidenta durante diez años de InterSOS, los familiares de los desaparecidos no son víctimas, sino supervivientes.

A esta categoría pertenecen desde hace 365 días aquellos que más querían a Diana Quer. Su sufrimiento les equipara al resto de las familias que tienen a un ser querido desaparecido. Y viene a desmentir en parte el tópico de que haya desaparecidos de primera y de segunda. Sólo en parte, porque nadie puede negar la muy desigual repercusión mediática, ni la diferencia en los recursosdesplegados para buscar a Diana. De ahí la queja expresada por familiares de otros desaparecidos, o la reclamación de la UCO que se ha hecho una constante en los casos posteriores.

A apenas una semana de los hechos escribí en un medio nacional “Diana y las otras desapariciones” en el intento de abrir una reflexión pública sobre el tratamiento informativo que empezaba a desaforar en muchos sentidos, con el ya señalado efecto de agravio para muchas familias de personas desaparecidas.

La reflexión llegó con el Foro QSD celebrado en Madrid a finales de noviembre con la participación de medio centenar de periodistas, familiares y expertos jurídicos y policiales. Un encuentro que marcó un antes y un después, tanto por el diálogo directo entre familias de desaparecidos y periodistas, como por la Guía de Buenas Prácticas surgida del mismo. Así que éste es uno de los avances que debemos anotar en el haber del año transcurrido desde aquel 22 de agosto de 2016.

Pero el hito más relevante es, sin duda, la publicación por el Ministerio del Interior del Informe sobre Personas Desaparecidas en España. Lo hizo el titular del Departamento, Juan Ignacio Zoido, con una deliberada solemnidad y una fecha cuidadosamente elegida: en vísperas del 9 de marzo, Día de las Personas Desparecidas sin causa aparente.

En el mismo acto, el Ministro comprometió la creación del CNDES (Centro Nacional de Desaparecidos). Todo ello otorgó a la concentración anual celebrada en Madrid una relevancia sin precedentes, a la altura de los datos que, al fin, veían la luz pública : 121.114 denuncias de desaparición registradas en los últimos seis años, de las que 4.164 siguen sin resolverse.

La cobertura informativa de algunos de esos casos -entre ellos, el de Manuela Chavero Francisca Cadenas, en Badajoz; el de Paco Molina, en Córdoba; el de Caroline del Valle, en Barcelona- está todavía lejos de lo que los familiares desearían, pero ha adquirido una visibilidad impensable un año antes.

La efemérides que hoy vuelve a escribirse con el nombre de Diana, debe ser una ocasión para seguir avanzando con paso firme en las demandas más urgentes que las familias de los desaparecidos vienen planteando. La primera de ellas: la de no desaparecer del sentir público, la de hacerse visible para el conjunto de la sociedad.

 

Fuente: www.elmundo.es / Lea la noticia aquí.